Hoy me siento un poco mejor, reflexiono, pienso en por qué haber desertado de una relación insoportable ha sido lo mejor, siempre creí que un capitán debía hundirse con su barco,cuando los sucesos habían podido con el, pero una relación es un barco de dos, dos capitanes, dos corazones, dos personas que deben de dedicar sus esfuerzos a que todo funcione bien, a negociar el lugar a donde quieren ir, a trabajar por lograrlo, sin escusa, sin reproches. Mi barco se había convertido en solo mío, porque me he dado cuenta de que ella estaba en un bote salvavidas amarrado al barco con una cuerda y observando mi desesperación, mi tristeza, mi ansiedad por moverme de proa a popa, de popa a proa, en la sala de máquinas, en los camarotes,... Buscando como salvarlo, como lograr que volviera a surcar los mares de la alegría. Pero uno solo no puede arreglar algo que es cosa de dos. Y ella estaba preparada para escapar en su bote cuando empezará a sentir la tensión de la cuerda, y alejándose me viera, con rostro blanco y los peces me comieran.
Aveces hay que decir no, aveces hay que decir adiós, y dejar el barco cuando hay el punto crítico de que sabes que solo renunciando a tu felicidad, a lo que piensas, a lo que sientes, hasta a ti mismo, podrías darselo a tu pareja y que fuera solo su barco, decidiendo que hacer con el, y tú solo aceptar hasta lo inaceptable, rendido y en estado vegetativo...
Este barco se usó poco, tuvo pocos momentos de dicha, y muchos de estar esperando en el muelle, deseando viajar y divertirse, sacarle partido por mi parte, y por mi compañera capitana, dejarlo allí meses años con la espera, porque había otros medios de locomoción que la resultaban más cómodos, tales como los automóviles de amistad, la bicicleta familiar, el patinete de compañeros de clase... Pero el barco de pareja era demasiado para ella, y podía aparentemente quererlo, o tomarlo alguna foto, pero no luchó porque no se hundiera, no luchó por no obligarme a que yo me fusionará con sus grietas, para así yo no tener ninguna decisión sobre el, y ella seria dueña de un barco y de un simple parche de persona.
Sea el capitán que sea, no debe hundirse con su barco,debe de aprender en que se equivocó, en que pudo mejorar, y estar dispuesto a tener algún día otro barco,y aunque no sea solo de él mismo, aprender a confiar siempre, porque no todas las personas son lo mismo.
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